miércoles, 15 de abril de 2020

El ABUELO LOCO, EL NIÑO Y EL MAR (libro)





El ABUELO LOCO, EL

NIÑO Y EL MAR


-¡Ese viejo es un completo loco!
-No es para caer en discusiones no hay otro lugar.
La discusión llevaba largo rato, mis padres sin conseguir un acuerdo se gritaban, la conversación parecía una bandada de aves.
No hallaban respuesta y en medio de la conversación mi madre fue a mi recamara se sentó en mi cama,  comenzó a mirar las paredes, estaban repletas de dibujos monstruosos, mi padre me decía que le gustaban, una vez lo escuche hablar con mamá diciéndole que debería llevarme  a un psicólogo porque no lo veía normal que yo los dibujara; mi madre me contaba que el viejo Rodrigo es muy rochelero y distraído, ella no estaba de acuerdo que me quedara con él. Me puse a pensar recordando al abuelo la última vez cuando fuimos yo estaba pequeño, aquel día llegamos a su casa y el estaba durmiendo en las escaleras que subía a las habitaciones, mi padre asustado creía que le iba dado un infarto, fue que el abuelo le agarro el sueño y se quedo dormido; el siempre me contaba cómo construyo la casa tallada en madera  tenía una docenas de clavos alrededor de la casa ni se imagina, no me alcanzo el tiempo estando allí para contarlos.
    Mis padres se iban unos días a Francia,  no podían llevarme, era un asunto de negocios,  no tenían donde dejar a un niño de 8 años con buenos modales y educado, ese soy yo,  tendrían que dejarme con un pariente de confianza por esta razón no hallaban otra persona el abuelo Rodrigo. Yo estaba contento de quedarme con él, recordando las últimas vacaciones pasadas fueron geniales, aunque no recordara todo, estaba pequeño.
    Mi madre comenzó a guardar, en mi maleta de dragones, una muda de ropa, recordando que el abuelo no tenia televisor me puse a guardar unos juguetes, para no aburrirme, por supuesto mi block para hacer mis dibujos monstruosos, los que a mi padre no le gustaba. Papá no estaba muy contento, entonces fui a darle un abrazo y un dibujo, para que en su viaje me recordaran, allí dibuje a mamá a papá y un avión, al reverso de la hoja, sentados en la puerta de la casa  junto al mar estaba el abuelo y yo, esa fue la imagen que tenía cuando fuimos aquellas vacaciones.
-Larry te portas bien, le haces caso al abuelo, no salgas sólo, no le hagas caso a nadie, si tu abuelo está ocupado ponte  a ver el mar, no vayas a la playa sin tu abuelo…Bla bla bla…Mamá no paraba de hablar en todo el camino repitiendo todo una y otra vez, estaba aturdido ni le contestaba, ella siempre me dice todo eso, yo sé lo bueno lo malo, ella sabe lo obediente que soy; no veía el momento de llegar a donde mí abuelo y pasar unos días diferentes.
    Hasta que llegamos a la casa, papá tenía una cara de gruñón que se le arrugaba la frente, estaba molesto con mamá, ella se hacia la loca mientras papá murmuraba.
- Papá, trae las maletas iré a tocar la puerta.
-toc toc toc toc…
-(cantando) Abuelo, abuelo, abuelo, abuelooooo
-toc toc toc toc…
-(gritando) Abuelooooooooooo
-¿Papá, el abuelo esta sordo?
-No hijo, ven ayúdame… 
    Fui a ayudar a papá, la arena estaba mojada, el tiempo nublado, al parecer había llovido, el oleaje estaba muy fuerte. Cuando mi abuelo salió, me dio una despeinada, lo extrañaba, siempre solía hacerlo  y  un abrazo tan grande que casi me deja sin aliento. Me fije que el abuelo estaba más canoso, arrugado  y le faltaba los dos dientes de abajo, él siempre estaba sonriendo.
    Mamá casi no hablaba, no quería dejarme solo con el abuelo, le di un fuerte abrazo le dije que los extrañaría, era cierto, en ese instante me puse triste pensando estaría  varios días sin ellos, papá se despidió rápido decía que estaban muy apurado,  ya su cara no era la de un gruñón cuando le di el gran abrazo, desde el tercer escalón de madera donde estaba la entrada de la casa, el abuelo y yo le gritamos adiós
    Entrando a la casa me di cuenta que había una pequeña pecera en medio de la sala, me senté en un mecedor, muy cómodo, desde allí me puse a observar la casa, hacia mucho que no venia todo estaba totalmente cambiado desde aquella vez, el abuelo comenzó a contarme de sus trabajos como carpintero del pueblo lo que había hecho para la casa, había tallado,  lijado 2 sillas y un sofá que se encontraba a mano izquierda de la entrada, también vi una curiosa mesa de recibo como la de mi casa pero está realmente estaba muy ingeniosa, tallo en 4 partes un tronco de árbol en forma de cilindro, uniéndolos formando una mesa, si que estaba original. Subí con mi abuelo, me fui corriendo por las escaleras, el me decía a cada rato muchacho loco no corras tanto, arriba estaban las habitaciones, terminado las escaleras a mano derecha la recamara del abuelo y de frente estaba el cuarto de huéspedes donde yo me quedaría, tenia la cama a una esquina y un closet más grande que la cama, sin duda el cuarto era pequeño a pesar que era muy sencillo, tenía una vista tan esplendida del mar, parecía un cuadro retratado, esta ventana era nueva sólo tenía una cortina que se ventilaba con la brisa, apenas fui a asomar mi cabeza, el abuelo me dice: no te asomes por las noches podría ser peligroso, no me dijo el porqué, pero eso despertó en mi husmear por las noches así tendría para inspirarme y hacer mis dibujos.
    El abuelo me llamo para bajar a  comer, cuando entre vi una vitrina que ocupaba casi toda la cocina, allí estaban gran cantidad de botellas vacías, pulidas de muchos colores, sí, el abuelo era un coleccionista de botellas, aunque me fije que en el segundo y quinto tramo estaban vacios; nos sentamos a comer una pasta muy rica con salsa a la marinera, receta de mi viejo.
    Comienza a oscurecer, el abuelo me pregunto si quería  salir  a caminar en la orilla de la playa, sin respuesta alguna fui desenfrenado subi por las escaleras a la recamara de huespèdes y me coloque un short no me gustaba pero no hallaba otro con el apuro, salí como un cohete del cuarto tome la mano de mi abuelo, iba cantando, saltando por las escaleras , ya estaba oscuro pero la luna llena hacia alumbrar toda la playa, también el faro de luz que venía de la casa alumbraba las palmeras y hacían sombra en la arena, el mar seguía con el oleaje fuerte, la fila de palmeras que miraban hacia el mar mecían de un lado a otro como el vaivén, me puse a correr tocando cada árbol, luego  me senté  a mirar y escuchar el mar con mi abuelo Rodrigo.
-¿Hijo, ves aquella estrella?
-Si abuelo, veo muchas.
-Bueno escoge una, prométele guardar un secreto.
-¿Qué secreto?
-Una historia que quiero contarte acerca del mar, prométele  a la estrella y te contare.
-Escúchame hijo, esta es la historia de un niño, el jugaba todas las tardes en una de las playas de este sector, pasaba el rato jugando con la arena, llevando su block en su mano donde dibujaba y escribía su nombre, siempre hablando sólo con el mar, buscando una repuesta acerca de la vida, se llamaba Agustín, tan sólo tenía 6 años, él  se quedaba a cargo de unos vecinos,  mientras sus padres trabajaban. Un día sus padres no pudieron llegar a casa, porqué habían cerrado la carretera, ese día se hacía tarde y el niño seguía en la playa, su madre no lo fue  a buscar como siempre lo hacía. El niño desesperado  con mucho miedo no sabía cómo llegar  a la casa, estaba sólo sintiendo la necesidad de hablar con alguien, él siempre trataba de hablar con el mar. Esa noche paso lo que nadie esperaba, Agustín, comenzó a desprender las hojas de su block lanzándolas. mientras caminaba, en ese momento consigue una botella vacía en la orilla del mar, arrastrada por el oleaje, la agarra y    se sienta, enrolla laultima de sus hojas que le quedaba en su block,  lo comienza a meter dentro de la botella, en ese instante con toda su fuerza y miedo que sentía la lanza al mar, tan lejos que no logro verla flotar, le grita al mar, háblame que estoy sólo  siento miedo en este lugar tan grande y desierto, sólo estas tu dame una señal, el niño muy angustiado, se sienta recostando su espalda en el tronco de una palmera, se pone a llorar, el mar comienza a recogerse, se estaba formando una gran ola que no daba visibilidad al horizonte, sale una gruesa vos y dice: Agustín, el niño calma su llanto alza su cabeza y sorprendido por lo que ve dice si soy yo, toda esa noche comenzaron hablar a preguntar porque estaba triste, que no se sintiera sólo, siempre va a tener un amigo, el niño le prometió que siempre lo visitaría por las noches cuando sus padres estuvieran durmiendo, el niño muy feliz de hablar con el mar, iba todas las noches, lanzándole una botella con su nombre y  a veces un dibujo era la clave.
- ¿Abuelo, entonces puedo hablar con el mar?
- No hijo, sólo es una historia de un inocente niño.
-Entonces es verdad, ¿Dónde está ese niño?
-Ya no es un niño, él debe de vivir en un pueblo lejos de aquí.
-¿Por qué no puedo contárselo  a nadie?
-Porqueé es un secreto que guardo desde hace mucho, y prometí no contárselo  a nadie como tu harás, ya estoy muy viejo.
    Aquella noche no pude dormir, no dejaba de pensar en la historia que me conto el abuelo, quería indagar en ella, saber si era verdad que el mar hablaba, me hice infinitas preguntas.
Esa noche en la madrugada acostado en mi cama, la cortina se mesia por la brisa que entraba al cuarto, no dejaba de alzarse, y me sentí tan curioso, fui a buscar mi block, viendo el horizonte, asome toda mi cabeza , a mano derecha no había nada interesante solo una pared de  piedras que no dejaban ver y al otro lado veía una persona lejos entre las palmeras, era extraño en un lugar  tan solo,  cuando iba a avisarle al abuelo no estaba en su recamara baje a la cocina,  lo busque por toda la casa, no estaba por ningún lado me asuste mucho, pero enseguida subí al cuarto a ver si era el abuelo, ciertamente era él. Me preguntaba que hacia allá, pero cuidadosamente me puse a observarlo, lograba ver sus manos puesta en la boca haciendo eco en ella, y escuche desde muy lejos gritar,  el abuelo le estaba gritando al mar, recordando la historia y lo que mi madre decía de el abuelo que y su locura, comencé a pensar sobre ese niño que hablaba el abuelo podría ser él, aunque no veía el mar hablarle me causaba cierta duda. Al rato lo veo regresar  todo encorvado, con la cara muy triste ya podía verlo de cerca, yo estaba escondido entre la cortina, no quería que me viera tenía un plan.
A la mañana siguiente le pregunte, ¿dónde estabas anoche, abuelo?, no lo encontré en ningún lado, me dijo que estaba detrás de la casa reparando la tubería del agua, mentía pero no quise desmentirlo, tramaba un plan. Estaba pensando salir esa noche de la casa después que el abuelo regresara, agarrar un dibujo y retratar a mi abuelo,  coger una de las botella que coleccionaba meter el dibujo y lanzarla al mar, estaba algo asustado pero muy intrigado por responder a todas mis preguntas.
Pasaron las horas, el día se me hacia largo, desde la mecedora veía ver pulir la madera, desde allí comencé a dibujarlo ese sería el retrato de mi abuelo. Llego la noche y así fue, espere que regresara el abuelo salí sigilosamente  por la ventana con una cuerda bien atada del grandísimo closet, estaba seguro que no se desprendería porque dure horas en atar el nudo, valió la pena quedo perfecto, pude salir, apenas toque el suelo salí corriendo corriendo llegue a donde vi a mi abuelo esa noche, hacia mucho frio algo escalofriante, tenía algo de miedo pero quería enfrentar al mar y saber la verdad.
Tome la botella de mi mano derecha, con todo mi brazo erguido hacia atrás rote mi mano con todas mis fuerzas la lance al mar, no se veía rastros de ella, y le grite muy fuerte, mi abuelo es tu amigo; el mar se recogió muy rápido haciendo una inmensa ola en forma de U y respondió, él era mi amigo  me abandono, yo sin saber que responder me puse nervioso, aun mas cuando el abuelo casi corriendo hacia mi.
-¿Qué haces aquí? No debiste salir de la casa, sin mi permiso
- Déjalo tú me abandonaste cuando perdiste tu inocencia dice el mar
-No señor el tiempo que pase sin usted fue muy duro, la  otra vida que tuve que vivir, no se compara con el mar, por eso cuando crecí forme esta casa en la orilla del mar pero más nunca pude saber de usted.
Por esta razón, me di cuenta que la presencia de mi inocencia revivió al mar, le dio a entender que los amigos no se abandonan, no siempre van a estar allí, el abuelo no estaba loco,  sino lleno de soledad.

Moraleja: todo niño debe tener un amigo para poder ser un adulto feliz y un adulto debe tener dentro un niño para sonreír :D.


SINDY NAZOA 
EDICIÓN FEBRERO 2011



1 comentario:

  1. Magnifica reflexión de un mundo incierto que muchos desconocen pero está a la vista de todos. Gracias por compartir esta magnífica lectura, la recomiendo.

    ResponderEliminar